LCLAA DE MILWAUKEE

Home  

About unions   Latinos and unions   Immigrant Workers Workers' Rights Worker Compensation Unemployed workers Organizing a union Find a Union
Portada   Acerca de sindicatos  Latinos y los sindicatos   Trabajadores inmigrantes Derechos de trabajadores Trabajadores lesionados Trabajadores desempleados Organizar un sindicato Buscar  un sindicato
La Prensa Laboral de Milwaukee   por el Comité de Escritores de LCLAA   noviembre 2001  English

Salas: la represión del inmigrante y la actividad organizativa 

Últimamente LCLAA Milwaukee patrocinó un seminario sobre la historia laboral presentada por el profesor de MATC Jesús Salas, activista latino veterano de los movimientos sindicales y comunitarios. El tema del entrenamiento fue La historia de inmigración y su impacto en el movimiento laboral.  

Salas se ocupó primariamente de las luchas de los obreros y de los pueblos  ambos del suroeste de los EUA y del norte de México. Enfatizó la historia de unidad laboral por ambos lados de la frontera.  Él también presentó su opinión que los períodos de altos niveles de actividad organizativa a menudo han precedido leyes de inmigración represivas en los Estados Unidos.  

Salas rastreó el desarrollo de los movimientos obreros y populares en la segunda mitad del siglo XIX. Un movimiento con raíces en la familia y la comunidad conocido como los mutualistas (sociedades de apoyo mutuo ) empeñaron muchas luchas en contra del gobierno dictatorial de Porfirio Diaz, quien rigió México con un puño de hierro de los 1870 hasta 1912 cuando él fue derrocado en la revolución mejicana.  

Bajo Diaz la economía mejicana se había sujetada al control de intereses económicos franceses, británicos, y norteamericanos. Durante ese tiempo la industria textil desarrolló, pero los dueños se aprovecharon del trabajo de mujeres y niños, poniéndose en contra de los valores familiares tradicionales de la cultura mejicana. Con esto creció el resentimiento.  

La minería fue también una base importantes de la actividad laboral en México, así como también en el Suroeste. Muchos de las compañías mineras eran las mismas por ambos lados de la frontera, así es que la común actividad laboral desarrolló.  

Salas considera que hasta los 1920´s, no había separación entre los movimientos laborales del Suroeste de los EUA  y del norte de México. El Suroeste y California originalmente habían sido estados del norte de México antes de su confiscación por los Estados Unidos. Durante la revolución mejicana, que comenzó en 1912, el fervor mutualista fue alto en ambas regiones. Después de la revolución, había un nivel intenso de actividad laboral. En la minería, las compañías usaron no sólo el trabajo del mejicano, sino también lo de los chinos y una mezcla de inmigrantes europeos sureños principalmente los griegos,  eslavos, judíos, y italianos.  

Las compañías minadoras pagaban a cada grupo étnico un salario diferente y los obligaron a vivir separadamente en barrios segregados dominados por los dueños. A pesar de los intentos a mantenerles divididos a los trabajadores, coaliciones se desarrollaron entre los inmigrantes incluyendo a mejicanos, chicanos, asiáticos, y europeos. Estas coaliciones a menudo desempeñaron actividad laboral unida. 

Salas cree que la subida de actividad sindical envolviendo a los trabajadores inmigrantes fue confrontada por leyes represivas tocante a la inmigración por parte del gobierno estadounidense. Durante los 1890 los chinos habían sido el blanco de leyes duras de inmigración llamados “actos de exclusión."  

Durante los 1920 una serie de leyes represivas fue pasada imponiendo las limitaciones en la inmigración de europeos sureños, que se consideraban como una fuente del crecemiento de sindicalismo. Esto fue hecho a través de un mecanismo llamado el Sistema de Orígenes Nacionales, lo cual impuso un límite a la cantidad de inmigrantes que fueron permitidos para entrar de cada país. Este máximum reprimió la cantidad de inmigrantes europeos sureños. Este sistema continuó por cuarenta años. 

En la época de la Gran Depresión grupos multiétnicos organizativos surgieron en California, particularmente en la industria de procesamiento de comida.  Algunas uniones militantes se desarrollaron a través de esta actividad. Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de trabajadores en los EUA, la ley Bracero fue promulgada. Era un programa para traer a los mejicanos a los Estados Unidos para trabajar. Centenares de miles de mejicanos entraron en los Estados Unidos, muchos de quienes trabajaban en la agricultura y el procesamiento. Las entradas de los Bracero en Estados Unidos llegó a su máximo durante los 1950, alcanzando el nivel de 500,000 trabajadores al año. 

Salas notó que durante los últimos años de los 1940 y el primer mitad de los 1950, el gobierno de los EUA tomó medidas fuertes en contra de los derechos de trabajadores, incluyendo la ley aviesa de Taft Hartley en 1948 y el ley de McCarren Act en 1952. Durante la histeria antijaponés durante la Guerra Mundial, los americanos de herencia japonés habían sido privados de su libertad y se habían detenidos en campos de internación. El ley de McCarren realmente autorizó  la creación de campos de concentración en los EUA para aquellos considerados subversivos, y el movimiento laboral era un blanco principal de ataque durante esa época. 

En los últimos años las actitudes del movimiento laboral tocante a la inmigración han entrado en el foco, ya que el AFL-CIO ha llegado a la creencia que la legalización de trabajadores indocumentados queda con los intereses del movimiento laboral. Uno de los métodos de legalización propuesto es el "programa del trabajador invitado." Es una nueva versión del programa Bracero.  Durante sus años finales, el gran líder latino laboral Cesar Chavez había salido en contra del concepto del “trabajador invitado” debido al uso de los braceros  para impedir la organización de trabajadores del campo en el Suroeste. En este asunto él se separó de muchos otros activistas laborales, incluyendo a Professor Salas. 

El debate sobre cómo y cuándo la legalización debería estar realizada continuará, pero la necesidad de organizar a los trabajadores inmigrantes es claro. Sin embargo, Salas contiende, el movimiento laboral cuidadosamente debe definir y luchar por las soluciones que aumentarán el nivel de organización de trabajadores inmigrantes.


Salas: Repression of immigrants follows organizing activity

 Recently Milwaukee LCLAA sponsored a labor history seminar featuring MATC professor Jesús Salas, a longtime labor and Latino community activist. The topic for the training was The History of Immigration and Its Impact on the Labor Movement.

 Salas dealt primarily with working peoples´ struggles both in the Southwestern U. S: and northern Mexico, emphasizing the history of unity of labor on both sides of the border.  He also present the view that periods of high levels of worker organizing have often preceded repressive immigration laws in the United States.

 Salas traced the development of worker and other grass roots movements in the second half of the 19th Century. A broad family and community centered movement known as the  mutualistas (mutual aid societies) carried on many struggles against the dictatorial government of Porfirio Diaz, who ruled Mexico with an iron fist from the 1870´s to 1912 when he was overthrown In the Mexican Revolution.

Under Diaz the Mexican economy had come under increasing control of French, British and North American economic interests. During this time the textile industry developed, but the owners exploited the labor of women and children, running counter to the traditional family oriented values of Mexican culture and stirring resentment. Mining was also an important grounds for labor activity in Mexico, as well as in the Southwest. Many of the mine owners were the same on both sides of the border, so common labor activity emerged.

Salas contends that up until the 1920´s, there was no real separation between the Mexican and Southwestern U.S. labor movements. The Southwest and California  had originally been the northern states of Mexico before being taken by the United States. During the Mexican Revolution, which began in 1912, mutualista fervor was high in both regions. After the Revolution there was an intense level of labor activity. In mining, the companies used not just Mexican labor, but that of Chinese and a mixture of southern European immigrants—mainly Greeks, Slavs, Jews, and Italians.

The mining companies would pay each ethnic group different wages and would force them to live separately in segregated shanty towns dominated by the owners. Despite the attempts to keep workers divided, coalitions developed among the Mexican, Chicano, Asian, and European immigrants. These coalitions often engaged in unified labor activity.

Salas holds that the rise of  labor activity involving immigrant workers was met with repressive laws on immigration by the U.S. government. In the 1990´s the Chinese had been the subject of  harsh immigration laws called “Exclusion Acts.”  In the 1920´s a series of repressive laws were passed placing limitations on immigration of Southern Europeans who were viewed as a source of  the spread of unionism. This was done through a mechanism called the National Origins System, which set a percentage rate on immigrants allowed from each country that kept down the number of Southern European immigrants. This system lasted for forty years.

In the Great Depression era multiethnic labor organizing groups sprang up in California, particularly in the food processing industry, and some militant unions developed through this activity. With the advent of World War II and the need for labor in the U.S., the Bracero law was enacted. It was a program for brining Mexican workers into the United States to work. Hundreds of thousands of Mexicans came into the US, many of whom worked in agriculture and processing. Bracero entries into the US peaked in the 1950´s with at times reaching 500,000 workers.

Salas points out that it was in the late 1940´s and early 1950´s when the U.S. government took strong action against workers rights, including the infamous Taft Hartley Act in 1948 and the McCarren Act in 1952. During WWII anti-Japanese hysteria, Japanese Americans in the West had been deprived of their freedom and placed in internment camps. The McCarren Act actually called for the creation of concentration camps in the U.S. for subversives, and the labor movement was a prime target of attack during that era.  

In recent years labor´s attitudes on immigration have come into the spotlight, particularly as the AFL-CIO has come to the position that legalization of  undocumented workers is in the interests of the labor movement. One of the methods of legalization being proposed is a concept called the “Guest Worker Program” which is a new version of the Bracero program.  During his later years the great Latino labor leader Cesar Chavez had sided against the guest worker concept because of the use of  Bracero workers to hinder organizing of farmworkers in the Southwest. On this issue he parted ways with many other labor activiststs, included Professor Salas.

The debate over how and when legalization should be accomplished will continue, but the need for organizing immigrant workers is certain. However, Salas contends, labor must carefully define define and push for the solutions that will increase the level of organization of immigrant workers.